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30.12.15

La joia, (la fi de) la mansuetud, la lectura

Amb el vint-i-dosé, el vint-i-tresé i el vint-i-quatré del meu manual d'autoajuda agraesc un any de béns i cada ítem que m'hi ha dut.

22é. Defender la alegría
I així, encara que estaven rodejades per cercles i més cercles de consternacions i esglais, aquelles inescrutables criatures que eren al centre es dedicaven, lliurement i sense por, als seus interessos pacífics; sí, s'entretenien serenament en abraçades i delícies. I precisament així, enmig de l'Atlàntic tempestuós del meu ésser, jo també m'esplaio centralment en calma muda, i mentre m'envolten planetes pesats de dolor inextingible, jo em mantinc al fons i terra endins i em banyo en suavitats eternes de joia.

Moby Dick, de H. Melville; Trad. M-A Oliver
He de decir que sí; esto es, quien conozca la alegría la conservarà. (...) Disfrutad de su esplendor, mantenedla boca arriba si podéis, pero sed honestos y no neguéis su lado sombrío. El que no pueda dar la vuelta a la tortuga, ocultando así su perfil oscuro, desvelando su parte más alegre, tanto como una gran calabaza de octubre bajo el sol, tampoco debería afirmar que la criatura es como una mancha de tinta. La tortuga es oscura y clara a la vez.

Las Encantadas, de H. Melville; Trad. d'U. Ramos i M. Montesdeoca*

23é. Defensar-se
Antes de concluir con mi cómputo de la zoología de estas islas, debo por fuerza describir con más detalle la mansedumbre de los pájaros. (...) No me he topado en ninguna otra parte del mundo con esta naturaleza dócil de los pájaros, sólo en las islas Galápagos y en las Malvinas. Y cabe señalar que de los pocos archipiélagos de diverso tamaño que al ser descubiertos estaban deshabitados por el hombre, estos dos se encuentran entre los más importantes. De todo lo expuesto podemos, creo, extraer las siguientes conclusiones: primero, que la naturaleza esquiva de los pájaros en su relación con el hombre es un instinto muy concreto adquirido para defenderse de él, y no depende del grado de cautela que manifiestan ante otro tipo de peligros; segundo, que no lo adquieren en un tiempo breve, ni aunque se les persiga constantemente, sino que se hace hereditario con el discurrir de las sucesivas generaciones. Estamos acostumbrados a ver que los instintos sean hereditarios en los animales domésticos; pero con los que viven en estado salvaje es más raro descubrir ejemplos de ese conocimiento adquirido. En lo que toca al instinto de defensa de las aves contra el hombre, es esta la única manera de dar cuenta de ello. Muy pocas crías de pájaro sufren el ataque del hombre en Inglaterra, mas todas le temen; sin embargo, muchos individuos en las Galápagos y en la Malvinas han sufrido daño de su mano, pero no han aprendido todavía a tenerle el temor que bien les convendría. Podemos deducir de estos hechos los estragos que causará la introducción de un depredador en un entorno nuevo, antes de que los instintos innatos se adapten a las artes o a la potencia de la nueva especie.

El archipiélago de las Galápagos, de Ch. Darwin; Trad. de C. Jiménez Arribas*

La vida aérea de Redonda tiene su contrapartida en los magníficos huéspedes que pueblan las aguas de su base. Bajo el nivel del mar, el roque parece un panel de grutas formado por intricados laberintos para refugio de miríadas de espléndidos peces. Todos son raros, muchos, extremadamente bellos, y perfectamente podrían adornar las peceras más valiosas donde se exhiben peces de colores. Nada resulta más llamativo que la absoluta originalidad de muchos de los individuos de esta multitud. Aquí pueden verse colores que nadie ha plasmado y formas que aún están por esculpir.
Como muestra de la multitud, la avidez, la audacia inusitada y la mansedumbre de estas criaturas marinas, permitidme decir que a menudo, al observar ciertas zonas del mar vacías de peces, debido a su ascensión en espiral a la superfície, veíamos algunos de mayor tamaño y menos confiados que nadaban lentamente a más profundidad; nuestros pescadores intentaban, con cautela, lanzar el sedal a estos últimos, pero lo hacían en vano: no había forma de atravesar la superfície. En cuanto el anzuelo tocaba el mar, cientos de peces incautos se disputaban el honor de ser capturados. ¡Pobres peces de Redonda! Sois víctimas de vuestra ingenuidad, os contáis entre aquellos que, sin más consideración y pese a no entenderla, confían en la naturaleza humana.

Las Encantadas, de H. Melville; Trad. d'U. Ramos i M. Montesdeoca*
*Dins de Charles Darwin Herman Melville Las encantadas Derivas por Galápagos, amb textos de Carlos Jiménez Arribas, Francisco León y Francisco Ferrer Lerín
 
24é. Agrair la lectura; continuar llegint
(La fotografia no l'he feta jo; i no la puc referenciar. N'agrairé la notícia de l'autoria)