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24.8.14

Colps d'agost (3)

¿Alguna vez tenía, como yo, la sensación de observarse a sí misma de lejos, como si la explosión le hubiera dividido el cuerpo y el alma en dos entidades separadas que permanecían a unos seis pies de distancia la una de la otra?


Pero, aun sabiendo lo afortunado que era, me resultaba imposible alegrarme o incluso sentirme agradecido de mi buena estrella. Era como si en mi espíritu se hubiera operado un cambio químico, como si el equilibrio ácido de mi psique hubiera permutado y filtrado de mí la vida en aspectos imposibles de reparar o modificar, como una fronda de corales vivos que van endureciéndose hasta convertirse en hueso.


No se lo diría a todo el mundo, pero en Londres al menos no pienso todo el tiempo en eso. (...) Cuando regreso aquí vuelvo a tener trece años y, bueno, no lo digo en un sentido positivo.

El jilguero, de Donna Tartt