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10.11.10

+1 Diagnosi

O sea que Londres, a ese nivel, fue un golpe bajo, como un anuncio. Había vivido a la altura de sus ideas, había vivido corriendo, pero de pronto se había tropezado y habia caído. De alguna manera muy molesta se había tropezado y había caído en algo que le dejó trabadas las piernas en su carrera. Londres, su primer viaje de muchacho libre, significaba un despliegue de energías sin límites, sin tiempos de descanso ni horarios. Había demasiadas cosas que hacer, demasiada gente por conocer, demasiadas alegrias que compartir. Pero ahora de regreso de allá, sentado en el avión al lado de Philip, que de rato en rato, le preguntaba preocupado cómo se sentía, Martín Romaña continuaba pensando en Martín Romaña. La gente, y la gente eran para él sus amigos en Europa, se habían formado ya una idea de él. (...) Doblemente herido porque lo de Londres había sido un aviso y él creía en esos avisos, y porque sabía que estaba regresando a París con fiebre y con ganas de ser él mismo, por una vez en la vida, con ganas de tirarse en una cama y de no sonreirle a nadie, pero que nadie le iba a dejar tiempo para sentirse como se sentía y que él le iba a hacer caso a todo el mundo aunque se sintiera así, como un aviso clavado muy hondo.
A. Bryce Echenique, La vida exagerada de Martín Romaña

Mai fins ara ho havia somniat: cap compromís, cap obligació, cap connexió. El llit, menges senzilles (la caputxeta vindria a casa a portar-les), una píndola o una altra fent l'efecte; el temps, com sempre, passant, i jo, per fi, convalescent...


P.S. I, probablement, cap llibre.

P.D. I ningú altre.