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29.11.09

Ploricons i coses velles

Hui:
En la escuela las incursiones en la literatura consistían más bien en dictados que evocaban un mundo obsoleto, campestre. A base de fragmentos de escritores de los que hasta el nombre he olvidado, querían meternos en la sangre a Francia y sus provincias. No me atraían para nada, pese a que mis abuelos habían nacido en ellas. Justamente las habían abandonado por la ciudad. Cuando llegaba el verano atravesábamos en auto esas regiones interminables, sus aldeas con postigos cerrados. Lo único que me apuraba era llegar a la costa del país, allí donde la lengua provenzal cantaba, el mar estaba próximo y los carabineros usaban sombreros con penacho. ¿Cómo podría yo amar esa Francia rural que querían venderme con sus niños maltratados y sus madrastras? Me hacían sentir asfixiada.
Por el mismo estilo, en nuestra escuela se presentó una obra de teatro basada en Pelo de Zanahoria, de Jules Renard, que me resultó insoportable. En ella no vi más que lloriqueos y cosas viejas. Ese universo no era para mí, era un mundo triste, inmutable, acabado, en el que por toda la eternidad los campos eran recorridos por labriegos pobres, y unas mujeres desabridas barrían las casuchas mientras unos niños con la nariz sucia tragaban su sopa. No sé bien de dónde me venía ese sentimiento, pero yo intuía que la modernidad era el único lugar en el que podría encontrar un sitio.
M. Petit, Una infancia entre libros.

Fa temps:
... la mayoría de los poemas evitan la metáfora que pudiera proceder del mundo experimental del ciudadano, y en cuanto no se labra la tierra con caballos, el pan pierde calidad poética a sus ojos.
M. Frisch, No soy Stiller

Demà?
Jo proposaria una política lingüística que organitze la diversitat. L'aposta real és fer del català un codi elaborat, que servisca per a connectar-se amb els moviments d'avantguarda, no amb les arrels.
T. Mollà, El Punt, 11/I/04

Òbviament, tot pensant en qui escriu per salvar el país, per dignificar la llengua, per fer-nos un favor als (condemnats) lectors.