Pàgines

19.3.07

Mimesi (I)

Hablaron de cosas que yo nunca había oído, de naciones y épocas fenecidas, de países lejanos, de secretos de la naturaleza descubiertos o simplemente adivinados. Hablaron de libros y me admiró comprobar lo mucho que las dos habían leído, la cantidad de conocimientos que almacenaban. Además parecían totalmente familiarizadas con la lengua y la literatura francesas, sabían los nombres de muchos autores. Pero lo que colmó mi asombro fue la respuesta que Helen dió a la señorita Temple cuando ésta le preguntó si sacaba algo de tiempo para repasar el latín que le había enseñado su padre y le tendío un libro que cogió de la estantería con el ruego de que tradujera una página. Se trataba de una obra de Virgilio y mi amiga, por toda respuesta, abrió el libro y obedeció sin dificultad alguna. Mi capacidad de veneración iba alcanzando cotas cada vez más altas a medida que Helen leía e iba traduciendo en voz alta aquellos renglones.

(...)

A Helen [la señorita Temple] la retuvo entre sus brazos un poco más que a mí y la soltó con pena. Fue a a Helen a quien siguieron sus ojos desde la puerta, por ella se le escapó luego un triste suspiro, por ella se enjugó una lágrima que humedecía su mejilla.

Charlotte Brontë, Jane Eyre