Se fijó en Richardson. Era curioso, no se daba cuenta de que estaba en un agujero; ni él, ni los otros oficiales, ni los askaris de fez rojo ni nadie. Les pasaba lo que a los caballos de un libro de Émile Zola. De visista a una mina muy profunda, el escritor preguntó a los mineros cómo se las arreglaban para sacar de allí a los caballos percherones que usaban para el transporte, siendo los animales tan grandes y la entrada a las galerías tan estrecha. Uno de los mineros se lo explicó: Ah, no los sacamos. Los meten cuando sólo tienen unos meses y se quedan aquuí para siempre. Según aque hombre no había motivo para la compasión. Puesto que los caballos no conocían otro mundo, se amoldaban a lo que tenían.Bernardo Atxaga, Siete casas en Francia
Porque en el fondo todo es lo mismo: el viaje, el amor, la lectura; una misma aventura donde nuestro paisaje interior se trastorna. (M. Petit)
24.6.12
Platònica
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